miércoles, 20 de abril de 2011

Colores

Pretendo hacerle un tributo a la pequeña de los ojos marrones. Pretendo que la viajera del sombrero detenga su viaje para saludarme. Quizá pretenda ser la sombra de su sombra, iluminarme con algo de su luz y gritarle al alba por tanta belleza. Pretendo de su memoria robarme un espacio. Pretendo ser su amigo por un minuto de vida breve, ver sus ojos abiertos, escuchar el seductor tono de su voz, palpar sus manos, y leer sus letras. Pretendo correr bajo la lluvia de colores que emana con su presencia. Pretendo darte mil preguntas sin respuestas en hojas, en cantos repentinos, en poemas tristes, a veces felices. Pretendo ser su hombro, su abrazo, su abrigo, pretendo admirarla como siempre lo he hecho, y caer a la jaula del tiempo mientras el viento trae las mismas hojas llenas de respuestas, de cantos, de amores. Pretendo insinuar un cambio en el pretendo, por un quiero.

Para Andrea Ospina Santamaría...

miércoles, 13 de abril de 2011

¿Qué nos hace artistas?

¿Nace o se hace? Es lo primero que alguien piensa cuando se hace la pregunta planteada en el título del presente texto. No quiero ahondar mucho en ello, ya me he asfixiado muchas veces en cuestiones como estas, y la conclusión ha sido siempre la misma: ambas. El artista puede ser autodidacta si nace con el don. Quiero decir con ello que -por ejemplo-, un cantante sin formación puede comenzar desde muy pequeño a demostrar sus dotes, ya que es un don natural que tiene, el de tener un registro de voz mejor que el de las demás otrora de personas. Otra cosa es cuando el cantante no nace con el don, pero gracias a ejercicios de práctica vocal, maestros y expertos en el tema de la voz y el manejo del aire, las cuerdas vocales, etc. lo forjan para tener una voz afinada. Y el mejor cantante es quien recibe algo de ambos: una buena voz, con excelente técnica adquirida por el estudio a través de los años. Lo mismo pasa con el resto de las artes, auto-didactísmo de la mano de un don. Pero como ya lo dije, la cuestión que trataré en este escrito no será esto, es algo muy diferente, sin tinte poético, filosófico, narrativo o descriptivo más que lo necesario.

¿Qué nos hace artistas? La infelicidad.

Si, el artista es un ser infeliz, que en su insatisfacción siempre encuentra complacencia, felicidad, por contradictorio que suene. Hablaré de alguien que no es artista pero intenta hacerlo: hace dos semanas entré en una crisis tanto interna como externa, y noté que llené casi un cuaderno de escritos, logré escribir más de seis canciones, dibujé en carboncillo ocho dibujos, y comencé un proyecto de pintura al óleo que hace meses tenía en mente, entre otras cosas. Admito que me sentía muy mal, pero ahora que la felicidad ha regresado a mi, noto con agrado todo lo que logré hacer en mi crisis, e intento realizar, al menos, una tercera parte y aunque lo logro hacer en cantidad, no quedan con la pasión que escribí, canté, toqué y pinté cuando la crisis me invadió por completo.

El artista es masoquista; así me siento yo -que no soy artista- la mayoría de veces; cuando no tengo crisis, las creo, si no las creo, me las invento. Me puedo atormentar con los paradigmas de familias vecinas, de gente que ni conozco. Puedo terminar relaciones con amigos, de años, sólo para sentirme mal y escribir una bonita canción. Puedo inventarme infidelidades, engaños, traiciones y creer que en realidad suceden y me atacan. La chispa creativa de la realidad es nuestra propia lucha interna. Los sentimientos extremos hacen del hombre un artista, o un intento de este.

¿Quién no se ha desahogado en sus momentos de tristeza, celos o rabia, escribiendo algo? 

No es la guerra, la miseria, el hambre, la sociedad, la falta de oportunidades, los atropellos, los dolores o las penas amorosas los enemigos de un artista, no, esas son musas; el enemigo número uno de un artista es la felicidad, lo demás viene por añadidura.

domingo, 10 de abril de 2011

Desde cero.

Ambos caminábamos de la mano por la avenida Santander. Yo, observaba el piso y navegaba en mis tenis a cuadros; era el capitán de la aventura que se avecinaba. Tú, navegabas en mi barca mirando al frente, algo preocupada por tu cabello. Y yo sonreía al verte a mi lado, al sentir tus dedos junto a los míos, al sentirme vivo cuando la lluvia golpeaba la proa de mi barco.

Luego, una rosa se unió a nuestros cuellos, cerca del pecho, cerca del corazón, de dos corazones que laten como uno, rápido, fugaces, veloces, inmortales. Tu manejas mi barco con las facciones de tu rostro; llegamos al bar.

Aún recuerdo esa escena... Every breath you take. Una cerveza tras otra y otra... y otra. Nuestras rodillas juntas, nuestros cuerpos deseando calor, tus manos, las mías. Otra cerveza, diez verdades, diez lágrimas. Tú haces de mis ojos un mar de agua salada.  Ebrios. Más cerveza. Menos amor. Más verdades. Licor furioso por nuestros cuerpos. Pasión por las venas. Deseo por la espina dorsal. Lágrima en los ojos, y agua en el pelo. Cerveza. Ebrios de alcohol, de verdades, otro poquito amor. Haciendo nuestro amor más mortal. Sufriendo, luchando contra ellos y contra nosotros. Tratando de encender de nuevo la llama que nace cuando nos observamos. Besando tu pequeño lunar en el labio. 

Comenzando de cero como si hubiésemos tenido un accidente y se nos invadiera la cabeza de amnesia. Cómo escribir nuestra historia y borrar los errores del pasado con un borrador mientras observamos que la hoja quedó marcada con cicatrices imborrables, inolvidables, pero cada vez más invisibles. 

Escribiendo desde cero nuestro amor, 

¿sin terceros?.